
Domingo, primer día sin actividades académicas o políticas. El día es libre hasta las 15 cuando partiremos a un “Rancho Texano”, o sea a un campo del Texas profundo. Por la mañana decido volver a recorrer la ciudad y conocer Austin más allá del Downtown y de los recorridos turísticos, es temprano y esta fresco, me detengo en una esquina de la calle 2 y espero un colectivo del sistema de transporte público. A los pocos minutos se detiene en la parada un ómnibus, es un modelo moderno, cuando subo me saluda la Sra. al mando de la unidad con un “buen día” y me explica que sacando un ticket de U$D 1,5 puedo tomar cualquier unidad de transporte público por un período de 24 horas, sino el ticket de U$D 1 tiene una duración de 2 horas. Opto por el ticket de 24 horas. El colectivo es un poco más espacioso que los que tenesmo en Argentina, esta diseñado para transportar menos personas aunque el tamaño es el mismo, en una especie de pizarra detrás del asiento del conductor uno puede encontrar mapas gratuitos para llevar con todos los recorridos de todas las líneas y horarios, también se anuncia las demoras esperadas para los próximos días por reparaciones o eventos, todavía a quedado un cartel que prevenía a los ciudadanos sobre el festejo del día del Scout del día anterior y que líneas se verían afectadas y cuales serían los caminos alternativos.

A lo largo de la mañana debo haber recorrido la ciudad a bordo de unas cuatro líneas diferentes, conocí los barrios mexicanos, los suburbios de mayor poder adquisitivo y una zona comercial. Los barrios mexicanos que estoy viendo bien podrían pertenecer a alguna ciudad del país azteca, las casas están pintadas con colores calidos y diversos, toda la carteleria comercial esta en idioma español y la oferta de comidas es puramente mexicana. Salgo del barrio latino y luego de unos veinte minutos llego a uno de esos suburbios que se aprecian en películas donde hay una comunidad pequeña de casas casi idénticas y la única vida comercial pasa por un Centro Comercial que acapara todo tipo de negocios. Desde el Bus mucha gente baja en esta parada, es el destino del 90% de los pasajeros, con lo cual presumo que algo bueno debe haber dentro así que sigo la corriente y entro al Centro Comercial. Adentro comienza mi sorpresa, casi la totalidad de los negocios del lugar están cerrados, solo veo abierto una peluquería y una pequeña casa de regalos, los cientos de comercios restantes están cerrados, sin embargo en las galerías del centro hay muchísima gente caminando y mirando vidrieras, con lo cual entiendo que el habito de compras de la gente es tan fuerte que el Shopping continua siendo su salida aunque no haya negocios abiertos, es como si la necesidad de estar cerca del consumo fuese irresistible para esta gente.
Recorro la ciudad por una hora más y regreso al hotel donde me reúno con el resto de los compañeros del grupo que ya se encuentran con Tim Samples, nuestro coordinador local, quien ha hecho los contactos para visitar el rancho de la familia Brown. Emprendemos el caminos en las camionetas, tomamos la autopista y luego una ruta secundaria que nos llevará hacia Lexington, ligar donde se encuentra el rancho. El paisaje es muy similar al del Oeste Bonaerense o el Este Pampeano, al costado de la ruta se alcanza a ver las instalaciones de los campos locales y no difiere mucho de los nuestros. En esta zona predomina la ganadería, es una zona demasiado árida para la agricultura, de hecho hay otra similitud con el campo argentino, acá sufren una seca de 8 meses.

A mitad de camino nos detenemos en un pequeño comercio, mitad bar, mitad almacén perdido en el medio de la nada. Afuera del comercio cerca de la puerta 4 texanos toman cerveza apoyados en la caja de una camioneta. Adentro solo un par de mesas y una barra con un hombre de sombrero tomando cerveza, es sin dudas nuestro primer contacto con el verdadero Texas. Compramos algunas gaseosas para llevar al rancho y continuamos el viaje.
El campo es muy similar al pampeano, árido, con arbustos bajos, predomina la ganadería, en su mayoria raza Brangus. Llegamos a la casa y nos recibe la Flia. Brown que se compone por un matrimonio de unos 50 años y tres hijos, dos mujeres y un varón, y también el Tío Graham. Los hombres están haciendo la “Barbacoa” (asado) y la dueña de casa y una de las hijas preparan también comida en el interior, todos vienen a recibirnos muy atentamente.
Garry y Graham son hermanos, Garry es el dueño de casa y además de atender su campo es agente inmoviliario de la zona, esta vestido como cualquier hombre de campo, jeans, gorra de visera y una camisa; Graham tambien tiene su campo y tiene una oficina de seguros y además una armería, esta vestido con una flamante campera negra de Harley Davidson, la famosa marac de motocicletas Norteamericanas, una gorra de la misma marca y jeans. Ambos tienen en la mano un vaso de Whiskey en todo momento. El detalle más impresionante de la tarde es que cuando Graham gira para controlar la carne que esta asando se logra ver en su espalda que asoma el caño de una pistola automática. No puedo evitar preguntarle como es que un hombre que esta en la casa de su hermano y con sus sobrinos porta un arma, su respuesta es simple, “tengo derecho a estarlo , nunca la he utilado contra un ser humano y espero nunca hacerlo, pero si llega la ocasión prefiero estar reparado”, y aquí en Texas es verdad y es tan sencillo como eso, la portación de armas es algo legal y culturalmente aceptado. Trate de entender y pensar en similitudes con nosotros, y la verdad es que quienes provenimos del interior no tenemos nada de que sorprendernos, en Argentina en los campos es natural que cada “paisano” nos reciba con un "facon" atravesado en la cintura, y es normal que las escopetas y carabinas estén al lado de la mesa o detrás del asiento de la camioneta en cualquier campo. Entonces termino pensando en cuales han sido nuestras historias comunes como pueblos, y buscando similitudes que expliquen estas costumbres tan parecidas, y creo encontrar muchos patrones historicos repetidos en ambas zonas, Texas (parte del lejano oeste) por un lado y la "conquista del desierto argentino" por el otro.

Pero esta pistola no tiene nada que ver con la amabilidad de esta gente,abren las puertas de su casa a 17 extraños y nos reciben con la mejor comida que sin dudas tendremos durante todo el viaje, se interesan por conocer detalles de nuestro país y por un rato nos hacen sentir a todos como en casa. Realmente los Domingos se prestan para la nostalgia y más cuando uno se encuentra lejos de la familia, sin embargo los Brown hacen que este sea un Domingo diferente.

Nos cuesta mucho despedirnos de esta gente, son amables y nos ofrecen quedarnos tanto como quisiéramos, pero mañana retomamos las actividades y hay que estar arriba temprano, así que nos despedimos y realmente hemos conocido a la verdadera familia del Texas más autentico.